Un ‘Clavel Marchito’ que nunca muere

Entre los cultores de música popular que han venido de otras latitudes y se han radicado algún tiempo en Lima, Armando Gonzáles Malbrán es uno de los que ha dejado recuerdos de los más gratos. Era pianista notable y arreglista excepcional, y de esas virtudes bien pueden hablar Jorge Huirse y Lucho Romero, que lo frecuentaron mucho. El baterista limeño Raúl Sáenz lo acompañó buen tiempo en las temporadas que cumplió en el balneario iqueño de La Huacachina. Como autor y compositor, hizo gala de su gran afecto al Perú, escribiendo bellos valses de sabor criollo.

“Clavel marchito del ensueño
que me enseñaste a querer
dile al que fuera mi dueño
que no puedo vivir sin él…”

Es la primera cuartilla del hermoso vals ‘Clavel Marchito’. Esta composición empezó por ser del repertorio de los cantantes que animaban la noche limeña, como vocalistas de orquestas o de conjuntos y de los grupos criollos que participaban en los varietés de los teatros de la capital. Cuatro años después, desde 1936, Rosita Asxcoy, su hermano Alejandro y todos aquellos que forjaron la canción criolla en la radiotelefonía, lo hicieron tema obligado de su repertorio y, desde 1939, con Jesús Vásquez, quedó perenne, para nunca morir.

Este magnífico músico y compositor chileno que tanto quiso esta tierra, volvió a hacer el deleite público con sus valses ‘Después de una ilusión, un desengaño’ y ‘Calvario’; este último, en sus comienzos, se pensó que era argentino, por el hecho que su difusión fue más frecuente en las voces de José Cómena, Jorge Escudero y otros cancioneros que cultivaban el tango.

Muy distinto fue con ‘Clavel marchito’, el clavel que nunca muere, porque se trataba de un vals que ya tenía tanta vigencia como los del inmortal Felipe Pinglo. Todavía hay el grato recuerdo cuando en tenidas criollas, escuchábamos atentos la voz dulce pero de criollo acento de una mujer encantadora, como lo fue Evangelina, la madre de los famosos integrantes del cuarteto de los Hermanos Aguirre, que con matices especiales y muchas veces con una segunda voz, que podía ser la nuestra, decía en los finales:

“Hoy sediento de placeres,
con otros quereres,
olvida mi amor…”

Armando Gonzáles Malbrán, que poco antes de la década del 40, se alejó definitivamente del Perú, también escribió en lima una de las composiciones que dio la vuelta al mundo y la sigue dando: ‘Vanidad’. Fue testigo de excepción de esta incomparable inspiración Juan Zolezzi, el popular ‘Sampietri’, que hoy radica en Trujillo, quien aquella noche de la feliz inspiración estuvo con Gonzáles Malbrán, primero en la Plazuela de San Marcelo, y luego al apuntar el alba, cuando los rayos solares empiezan a pintar la mañana en la pintoresca placita de la Buenamuerte, donde se concluyeron los versos y melodía de ‘Vanidad’. Era 1933. Y pensar que ese ‘Vanidad’, escrito en ritmo de blue con fuga de fox, se sigue cantando por los más renombrados cantantes y en los ritmos que se pongan de moda. También se canta en otros idiomas, porque su difusión es universal.

Armando Gonzáles Malbrán falleció en Chile, en enero de 1950.

Sábado, 5 de agosto de 1989

Por Gonzalo Toledo

Columna “Déjame que te cuente…” (Diario El Comercio) 

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